Comprar deuda puede ser muy rentable, pero también arriesgado si no se hace la tarea previa. La due diligence es el análisis que todo comprador serio realiza antes de firmar. Este es el checklist esencial.
1. Existencia y titularidad del crédito
Lo primero: confirmar que la deuda existe y que quien la vende es su legítimo titular. El cedente responde de la existencia y legitimidad del crédito, así que exige ver el origen completo del mismo.
2. Documentación soporte
- Facturas, contratos, albaranes, pagarés o sentencia.
- Correspondencia de reclamación y burofaxes.
- Cualquier reconocimiento de deuda del deudor.
Sin documentación sólida, el recobro se complica y el crédito vale mucho menos. La calidad documental es el primer filtro.
3. Situación procesal
¿La deuda está reclamada? ¿Hay monitorio, sentencia o ejecución en curso? ¿Existen embargos trabados? Una deuda con título ejecutivo reduce el riesgo jurídico; una sin reclamar exige empezar de cero.
4. Prescripción
Verifica los plazos y los actos que hayan interrumpido la prescripción. Un crédito próximo a prescribir, o ya prescrito, es una trampa: comprueba fechas y burofaxes.
5. Solvencia del deudor
El factor decisivo del recobro. Investiga la actividad, los bienes, las cargas y otros procedimientos del deudor. De poco sirve un título perfecto contra alguien sin patrimonio.
6. Cargas y concurrencia de acreedores
Revisa si el deudor está en concurso, si hay otros acreedores privilegiados o si el bien que garantiza la deuda tiene cargas previas que absorban su valor.
7. Condiciones de la cesión
Lee bien el contrato de cesión: qué se transmite, qué garantías da el cedente, cómo y cuándo se notifica al deudor y qué pasa si aparece un vicio oculto en el crédito.
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